domingo

1-Salir a la esquina. 2-Levantar los brazos.

Eres una mujer maravillosa. Siempre lo supe y no podría estar más seguro.

Eres un pájaro hermoso que vuela y rompe el viento e ilumina el suelo con sus alas doradas.
Lo que tocas se vuelve música, todo a tu alrededor es belleza solo porque tú estás ahí.
Y cuando caminas no lo haces como un pavoreal pretencioso pero eres mucho más bella que uno, y cuando hablas no cuidas que tus palabras sean de profeta o que tu voz esté en el tono perfecto pero escucharte es lo más delicioso, y cuando bailas, bien podrías cerrar los ojos y dejar a tus brazos pensar. Parece que cada parte de tu cuerpo tiene vida.
Conozco la pasión porque la vi en tus ojos, la vehemencia por por el calor de tu piel, la elegancia por cómo caminas, la anonadación por cómo corta indómito tu cabello el aire.

Uno puede sentarse a verte tan natural, tan única, tan endémicamente bonita; y sonreír.
Tengo tanto que escribir. Mi cuerpo, mi mente, exigen que escriba, que saque un montón de cosas de mi sistema y que me hacen daño. Pero no puedo. Cuando comienzo a escribir sobre lo que tengo que escribir se me traban los dedos. 
Vayanse a la mierda. 

viernes

Hello stranger

–Aléjese, no lo conozco
–Disculpe, señorita extraña, estoy buscando a una muner y me preguntaba si la ha visto. Ella tiene un par de ojos que caben en los míos y siempre usa una sonrisa. Del cuello le cuelga un chocolate o una menta, siempre es lo mismo pero siempre cambia de sabor. 
–No, no la he visto.
–Sí, mire. En su palma encuentro la medida perfecta de mi mano, y en su cuello la de mis brazos. Cuando la beso siempre río, a veces porque ella besa con los dientes apretados y yo con la mándibula abierta, a veces sólo porque sí o porque no.
–No, señor. No sé de qué me habla.
–Quizás si se la describo un poco más. Deme sólo un momento. 
Cuando ella se recuesta en mi pecho el mundo gira más lento, el espacio se comprime y el tiempo se detiene. Los edificios salen volando. 
La piel se me eriza cuando ella me roza.
–Mire, señor, no he visto a esa mujer de la que habla. Pero si quiere, puede quedarse conmigo.
–Claro, si es usted a la que estaba buscando.

lunes

Qué banales los títulos.

Qué muertos están nuestros ojos cuando se ven.
Y muertos nuestros dedos cuando se tocan.
Qué muerta la sangre que me alimenta.
Qué secas las plantas y sus flores, y los árboles.
Y el cielo, qué muerto está el cielo estos días.
Muerta la gente, con sus miradas apagadas y las manos frías. Con los pasos hacia ningún lado.
El ruido y la luz ya no dan vida, acaso la quitan.
Los amantes solos, ya ni pueden amarse a ellos mismos.
Qué tontas las letras que inspiran.
Qué ridículo el poeta. No se ocupa, no sirve.
¿Qué placer da vivir?
El mundo está gris y apagado, andarlo se confunde con el último ocaso.
Con la muerte, qué terrible la muerte. Pero más terrible lo muerto.
No diré que tú matas todo lo que antes no importaba si estaba vivo. Qué aburrido lo cursi y lo romántico.
Qué estúpido el hombre que ama a una mujer. Qué patéticos los que se quieren y los que se necesitan.
Qué tonto intentar vivir cuando ya todo está muerto.
Qué tristes tus ojos. ¿Qué les hice? ¿por qué me permitiste hacerles eso?
Qué trivial perdir perdón.
Ya nada va a revivirme.







jueves

Mirar atrás.

Hola. Sí, te estoy saludando. Aun cuando no hablamos desde hace tanto tiempo.
No voy a decirte que te extraño, o que te quiero, o que aun te amo. No es así. Solo quiero saludarte y saber cómo estás. Fuiste alguien importante en mi vida, y te aprecio. Me parece que solo ahora, cuando ya ha pasado tanto tiempo, es buen momento para agradecerte. Por todo lo que me diste, todo lo que me enseñaste y todo lo que me soportaste. Disculpa si te lo digo hasta ahora, pero tenia miedo de que todavía me quisieras y prefería estar alejado. Tal vez tenía miedo de todavía quererte.
No me arrepiento de lo que pasó, ni de que lo nuestro comenzara ni de que acabara. Lo intentamos y nos divertimos, tal vez incluso fuimos felices.
Sé que ahora estás con alguien más y te felicito. Sé que lo quieres, y me alegro. Yo también he estado con otras personas.
Me gustaría verte algún día, incluso podríamos reírnos de todo lo que pensábamos e hicimos.
Después de toda la confianza que tuvimos supongo que no sería difícil ser amigos.
No quiero que pienses que estoy intentado acercarme a ti para intentar algo de nuevo, te repito que no es así.
Solo considero que fuiste alguien importante en mi vida y me parece tonto hacer como que no existimos.

martes

Entrevista con el espejo.

—¿Por qué te fuiste?
—No sé. Según yo no me daba importancia.
—¿Te la daba?
—Sí, mucha.
—¿Entonces?
—Supongo que no era la forma en la que me hubiera gustado que me diera importancia.
—¿Cómo te la daba?
Perdonaba mis idioteces, me aceptaba inmaduro, frío y distante. Escribía mis iniciales en la nieve y compraba pulseras para que me acordara de ella. Era lindo. Era más de lo que muchos estaban dispuestos a dar. Yo nunca hice nada así. Una vez intenté dibujarla, pero tengo el talento pictórico de un niño de 5 años y nunca lo publiqué.
—¿Entonces cuál fue el problema?
—Que no la veía mucho.
—Mucha gente no soporta que las relaciones cambien.
—No cambió. Nunca nos vimos mucho.
—¿No verla mucho empezó, de un momento a otro, a molestarte?
—No. Siempre me molestó pero nunca se lo dije.
—¿Por qué?
—Porque pensé que así era ella, y que debía aceptarla tal y como fuera. Leí que el amor está en los “a pesar de” y no en los “precisamente por eso”. Quería quererla a pesar de todo lo que me molestaba. Ahora creo que la quería tanto que no soporté saberla lejos.
—¿Te arrepientes?
—No por mí. Lo que a mi me pase está bien. Pero no sé si me arrepiento de algo por ella. Tal vez nunca debí acercarme y así no me sentiría mal por lastimarla. Tal vez fue lo correcto y ambos aprendimos.
—¿Por qué te acercaste?
Se veía terriblemente bonita en su disfraz de Minnie. Luego me pareció interesante y me empezó a gustar, y me acerqué más, y más. Una vez que empecé no pude parar.
—¿Ahora la quieres?
—Sí. Pienso en ella todo el tiempo. Cada instante. Aunque se distanció, sigo encontrando la forma de enterarme, aunque sea un poco, de qué hace.
—¿Crees que ella te quiere?
—Sé que sí. Pero no estoy satisfecho con la forma en la que yo la quiero a ella.
—¿Hay posibilidad de volver a intentarlo?
—Ella es bastante para volver a intentarlo, mucho más de lo que cualquiera podría jactarse. Pero me conozco, seguramente la lastimaría. Cuando estoy con alguien, sin ninguna razón, me aburro, y me voy. Y cuando me voy soy un imbécil, un patán. Ya lo he hecho a otras personas. No quiero hacer eso otra vez. No la quiero lastimar.
—Deja que ella decida
—Evito que la gente que quiero pierda su tiempo con idiotas. En este caso ella es la gente que quiero. Yo soy el idiota. Sé que no congeniamos y le voy a doler.
—¿A ti no te va a doler?
—No. A mí no me duele nada. A veces pienso que estoy seco por dentro.

Lo amantes de Teruel.


Se levantan Diego e Isabel, los amantes de Teruel, cada noche.
Salen de sus tumbas, tomados de la mano, dispuestos a conocer un nuevo rincón de Aragón.
Han visto a la humanidad entera caminar, correr y tropezar,  y levantarse. Lo han visto todo desde que el amor los mató.
Pero no les importa estar muertos, están juntos.
Vagan por las angostas calles, entran a bares y a cafés, y se disfrutan, se ven a los ojos y se aman. Y se acarician, y se besan.
Ahora ni la familia importante de Isabel, ni la pobreza de Diego los puede detener. El mundo es suyo, el mundo está a sus pies.
Como el mundo ha estado siempre a los pies de los amantes.
Porque cuando se ama el mundo es de papel.

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