martes

Paradoxon

Necesito saber que entiendes que lo que escribo no se trata de mí. Necesito saber que entiendes que lo que escribo no me representa ni me ejemplifica, ni es una proyección de lo que quiero o lo que soy. Necesito saber  que entiendes que lo que escribo es ajeno a mi. No es algo mío ni es parte de mí. Es algo diferente, es algo externo. Necesito que entiendas que a veces parece que las letras pasan a través de mí, que no son mi decisión, que no son mi elección, que simplemente soy una herramienta o un conducto para plasmarlas pero que yo no elijo el orden o la posición. Que yo no elijo cuáles son. Que a veces parece que ya están, que ya está hecho y que mi mano solo es una herramienta, es solo un conducto. Que llegan desde el cielo y se meten por mi cabeza, suenan por mi voz, se deslizan por mi cuello, pasan por mi hombro, por mi brazo, llegan a mis dedos y les dicen cómo moverse. Es como si fuera una máquina automática en la que entran las letras en forma de ideas y salen en forma de tinta. Mi cuerpo solo traduce. Mi cuerpo solo convierte, pero no dispone, no elije, no decide. Necesito que entiendas que lo que escribo no tiene nada que ver conmigo, ni con el mundo.
Que no tiene que ver conmigo ni contigo, ni con la forma en que nos relacionamos.
No tiene nada que ver con nada que conozcamos.

sábado

Es no poder tenerte.

Lo que me afecta no es no verte o no escucharte, es la imposibilidad de hacerlo, es que no estás acá.
Porque si lo decidía podía subirme al auto e ir por ti, y llenarte de besos y abrazos, y empaparme de tu calor y de tu textura, pero ahora que estás lejos no importa cuánto me suba a mi auto no voy te voy a llegar. No importa cuánto te intente, no te voy a probar, a surfear. 
Lo que me molesta es que dejar de verte no es mi decisión, no lo controlo, hay una fuerza más grande que yo y que tú, una fuerza más grande que todo este amor que nos tenemos, una fuerza que no nos deja estar juntos por más que lo queramos.

Luego entonces me tengo que resignar y contener a leer tus letras e imaginarte decirlas, a escuchar tu voz en una nota e intentar ver el movimiento de tu boca. Luego entonces me tengo que sentar y esperar tu fantástico regreso.
Y no me malentiendas, estoy feliz porque viajas, por que lo pases maravilloso. Es solo que seria grandioso que pudieras viajar sin que eso signifique alejarme de ti.
Lo cierto es que, si bien puedo vivir sin ti, te necesito en mi vida.

domingo

1-Salir a la esquina. 2-Levantar los brazos.

Eres una mujer maravillosa. Siempre lo supe y no podría estar más seguro.

Eres un pájaro hermoso que vuela y rompe el viento e ilumina el suelo con sus alas doradas.
Lo que tocas se vuelve música, todo a tu alrededor es belleza solo porque tú estás ahí.
Y cuando caminas no lo haces como un pavoreal pretencioso pero eres mucho más bella que uno, y cuando hablas no cuidas que tus palabras sean de profeta o que tu voz esté en el tono perfecto pero escucharte es lo más delicioso, y cuando bailas, bien podrías cerrar los ojos y dejar a tus brazos pensar. Parece que cada parte de tu cuerpo tiene vida.
Conozco la pasión porque la vi en tus ojos, la vehemencia por por el calor de tu piel, la elegancia por cómo caminas, la anonadación por cómo corta indómito tu cabello el aire.

Uno puede sentarse a verte tan natural, tan única, tan endémicamente bonita; y sonreír.
Tengo tanto que escribir. Mi cuerpo, mi mente, exigen que escriba, que saque un montón de cosas de mi sistema y que me hacen daño. Pero no puedo. Cuando comienzo a escribir sobre lo que tengo que escribir se me traban los dedos. 
Vayanse a la mierda. 

viernes

Hello stranger

–Aléjese, no lo conozco
–Disculpe, señorita extraña, estoy buscando a una muner y me preguntaba si la ha visto. Ella tiene un par de ojos que caben en los míos y siempre usa una sonrisa. Del cuello le cuelga un chocolate o una menta, siempre es lo mismo pero siempre cambia de sabor. 
–No, no la he visto.
–Sí, mire. En su palma encuentro la medida perfecta de mi mano, y en su cuello la de mis brazos. Cuando la beso siempre río, a veces porque ella besa con los dientes apretados y yo con la mándibula abierta, a veces sólo porque sí o porque no.
–No, señor. No sé de qué me habla.
–Quizás si se la describo un poco más. Deme sólo un momento. 
Cuando ella se recuesta en mi pecho el mundo gira más lento, el espacio se comprime y el tiempo se detiene. Los edificios salen volando. 
La piel se me eriza cuando ella me roza.
–Mire, señor, no he visto a esa mujer de la que habla. Pero si quiere, puede quedarse conmigo.
–Claro, si es usted a la que estaba buscando.

lunes

Qué banales los títulos.

Qué muertos están nuestros ojos cuando se ven.
Y muertos nuestros dedos cuando se tocan.
Qué muerta la sangre que me alimenta.
Qué secas las plantas y sus flores, y los árboles.
Y el cielo, qué muerto está el cielo estos días.
Muerta la gente, con sus miradas apagadas y las manos frías. Con los pasos hacia ningún lado.
El ruido y la luz ya no dan vida, acaso la quitan.
Los amantes solos, ya ni pueden amarse a ellos mismos.
Qué tontas las letras que inspiran.
Qué ridículo el poeta. No se ocupa, no sirve.
¿Qué placer da vivir?
El mundo está gris y apagado, andarlo se confunde con el último ocaso.
Con la muerte, qué terrible la muerte. Pero más terrible lo muerto.
No diré que tú matas todo lo que antes no importaba si estaba vivo. Qué aburrido lo cursi y lo romántico.
Qué estúpido el hombre que ama a una mujer. Qué patéticos los que se quieren y los que se necesitan.
Qué tonto intentar vivir cuando ya todo está muerto.
Qué tristes tus ojos. ¿Qué les hice? ¿por qué me permitiste hacerles eso?
Qué trivial perdir perdón.
Ya nada va a revivirme.







jueves

Mirar atrás.

Hola. Sí, te estoy saludando. Aun cuando no hablamos desde hace tanto tiempo.
No voy a decirte que te extraño, o que te quiero, o que aun te amo. No es así. Solo quiero saludarte y saber cómo estás. Fuiste alguien importante en mi vida, y te aprecio. Me parece que solo ahora, cuando ya ha pasado tanto tiempo, es buen momento para agradecerte. Por todo lo que me diste, todo lo que me enseñaste y todo lo que me soportaste. Disculpa si te lo digo hasta ahora, pero tenia miedo de que todavía me quisieras y prefería estar alejado. Tal vez tenía miedo de todavía quererte.
No me arrepiento de lo que pasó, ni de que lo nuestro comenzara ni de que acabara. Lo intentamos y nos divertimos, tal vez incluso fuimos felices.
Sé que ahora estás con alguien más y te felicito. Sé que lo quieres, y me alegro. Yo también he estado con otras personas.
Me gustaría verte algún día, incluso podríamos reírnos de todo lo que pensábamos e hicimos.
Después de toda la confianza que tuvimos supongo que no sería difícil ser amigos.
No quiero que pienses que estoy intentado acercarme a ti para intentar algo de nuevo, te repito que no es así.
Solo considero que fuiste alguien importante en mi vida y me parece tonto hacer como que no existimos.

martes

Entrevista con el espejo.

—¿Por qué te fuiste?
—No sé. Según yo no me daba importancia.
—¿Te la daba?
—Sí, mucha.
—¿Entonces?
—Supongo que no era la forma en la que me hubiera gustado que me diera importancia.
—¿Cómo te la daba?
Perdonaba mis idioteces, me aceptaba inmaduro, frío y distante. Escribía mis iniciales en la nieve y compraba pulseras para que me acordara de ella. Era lindo. Era más de lo que muchos estaban dispuestos a dar. Yo nunca hice nada así. Una vez intenté dibujarla, pero tengo el talento pictórico de un niño de 5 años y nunca lo publiqué.
—¿Entonces cuál fue el problema?
—Que no la veía mucho.
—Mucha gente no soporta que las relaciones cambien.
—No cambió. Nunca nos vimos mucho.
—¿No verla mucho empezó, de un momento a otro, a molestarte?
—No. Siempre me molestó pero nunca se lo dije.
—¿Por qué?
—Porque pensé que así era ella, y que debía aceptarla tal y como fuera. Leí que el amor está en los “a pesar de” y no en los “precisamente por eso”. Quería quererla a pesar de todo lo que me molestaba. Ahora creo que la quería tanto que no soporté saberla lejos.
—¿Te arrepientes?
—No por mí. Lo que a mi me pase está bien. Pero no sé si me arrepiento de algo por ella. Tal vez nunca debí acercarme y así no me sentiría mal por lastimarla. Tal vez fue lo correcto y ambos aprendimos.
—¿Por qué te acercaste?
Se veía terriblemente bonita en su disfraz de Minnie. Luego me pareció interesante y me empezó a gustar, y me acerqué más, y más. Una vez que empecé no pude parar.
—¿Ahora la quieres?
—Sí. Pienso en ella todo el tiempo. Cada instante. Aunque se distanció, sigo encontrando la forma de enterarme, aunque sea un poco, de qué hace.
—¿Crees que ella te quiere?
—Sé que sí. Pero no estoy satisfecho con la forma en la que yo la quiero a ella.
—¿Hay posibilidad de volver a intentarlo?
—Ella es bastante para volver a intentarlo, mucho más de lo que cualquiera podría jactarse. Pero me conozco, seguramente la lastimaría. Cuando estoy con alguien, sin ninguna razón, me aburro, y me voy. Y cuando me voy soy un imbécil, un patán. Ya lo he hecho a otras personas. No quiero hacer eso otra vez. No la quiero lastimar.
—Deja que ella decida
—Evito que la gente que quiero pierda su tiempo con idiotas. En este caso ella es la gente que quiero. Yo soy el idiota. Sé que no congeniamos y le voy a doler.
—¿A ti no te va a doler?
—No. A mí no me duele nada. A veces pienso que estoy seco por dentro.

Lo amantes de Teruel.


Se levantan Diego e Isabel, los amantes de Teruel, cada noche.
Salen de sus tumbas, tomados de la mano, dispuestos a conocer un nuevo rincón de Aragón.
Han visto a la humanidad entera caminar, correr y tropezar,  y levantarse. Lo han visto todo desde que el amor los mató.
Pero no les importa estar muertos, están juntos.
Vagan por las angostas calles, entran a bares y a cafés, y se disfrutan, se ven a los ojos y se aman. Y se acarician, y se besan.
Ahora ni la familia importante de Isabel, ni la pobreza de Diego los puede detener. El mundo es suyo, el mundo está a sus pies.
Como el mundo ha estado siempre a los pies de los amantes.
Porque cuando se ama el mundo es de papel.

Augurio de una tormenta


Jack estaba sentado, con un cigarro en la boca y un libro en las manos. El clima pintaba a empeorar, pero justo en ese momento estaba perfecto: frío, con una leve brisa y sin  un rayo de sol. "Augurio de una tormenta", pensó. 

Llevaba ahí solo un par de minutos y no tenía planeado quedarse mucho tiempo. El pretexto del libro no lo convencía. Esperaba a una dama. La cita era a las 4, pero era poco probable que se presentara: no la había visto jamás y la conocía solo por un reflejo. Nunca tomaba decisiones aventuradas, como encontrarse con una completa desconocida un día cualquiera. Pero no soportó no arriesgarse con ella, con esos ojos profundos. No pudo resistir y cedió ante la tentación de invitarla a salir. No terminó de pensar en todo esto cuando sintió un rumor en su hombro. 

—¿Jack? Enunció una tentativa voz femenina. 

Dio vuelta. Ahí estaba. Con el cabello revuelto y la mirada fija. No había un rayo de luz pero ciertamente algo la iluminaba. Llevaba un vestido no muy ajustado que aun así enmarcaba su deslumbrante figura. 

—Sí, soy yo. Tú debes ser Nila. Es un nombre interesante. «¿Qué demonios se hace en estos casos?», pensó. Luego sólo atinó a preguntar:
—¿Caminamos?

Apagó su cigarro, guardó el libro en su viejo morral y se levantó de la silla. Esa tarde había menos gente de la acostumbrada en aquel parque, un lugar bohemio del que presumía conocer cada rincón. ¿Y ahora...? ¿Debía  tomarla de la mano, abrazarla, besarla? No supo qué hacer. Su ignorancia era explicada  por su falta de interés hacia la mayoría de individuos del genero opuesto. Por su apatía hacia tener una relación, su necesidad de soledad. 

Empezaron a caminar. Le preguntó sus gustos, su pasado, sus historias.  Su vida. Después de un par de cuadras estaba mas confiado, empezó a hacer bromas y quedó cautivado por su sonrisa. No prestó atención al tiempo, ni al lugar. Caminaron, hablaron y rieron. Se conocieron un poco mejor. 

Entraron a un bar no muy grande aún así con mucha gente. Estaba repleto, pero no prestaron atención a nadie, estaban juntos. 
Comenzaron a bailar.  Esa tarde no servían alcohol. 
Descubrió que no saber bailar no es tan importante. 
Descubrió que el mundo desaparece cuando estás con alguien. 
Los pies dolían, el cuerpo deshidratado y exhausto. 
La capacidad para seguir en pie era inversa a las ganas de hacerlo. ¿Cuánto tiempo fue? ¿3 horas, 4? ¿5?

—Es tarde, debo volver a mi casa. Nila casi mató el momento. 
—Vamos, quédate otra canción. Disfrútalo. Ya tendrá ocasión de acabar.   
Luego de bailar algún ritmo parecido a la salsa, se ofreció a acompañarla. Quería una oportunidad.
 Después de mucho caminar tomó su brazo, la hizo girar lentamente, sonrió y se vieron de frente. El tiempo pareció detenerse y todo desaparecer. La mirada de cada uno estaba clavada en el otro, fija. Un leve mordisco en los labios. Una suave caricia en la oreja. El tiempo pasó aún mas lento. La tenía entre sus brazos pero. 

—Me muero por besarte— dijo Jack. Apenas se reconocía. 
—Yo también. Rayos, quiero besarte— dijo ella— pero no puedo. 
—Lo sé. 
—Lo siento— agachó la mirada y tomó su brazo. 
—Dime. ¿Eres feliz con él?

 Enmudeció, Jack continuó hablando. 

—Déjate llevar, la brisa sopla a nuestro favor

Un delirio de audacia surgió. Por un segundo, la besó. Luego, ella se quitó. 

—Mírame a los ojos y dime que no quieres besarme. 
—Quiero, simplemente no soy capaz. 

Y no lo era. A pesar de la efímera relación que llevaba ¿Cómo arriesgar todo, cambiar todo por aquel extraño de apariencia desorganizada? Estaba confundida,  afligida por la idea de una posible traición y la oportunidad de una vida nueva. 
Su mente daba vueltas y vueltas ¿Qué podía hacer?
La respuesta era tan obvia que casi la golpea en la frente.  ¿Cómo no lo pensó antes? Lo que siempre hacía cuando se topaba con un problema: huir.
Tal vez exageró. Solo salió corriendo, se perdió de la vista hasta desaparecer. Él tuvo, por un segundo, la idea de perseguirla, pero se quedó estático, pensando. Ya tendría oportunidad de verla otra vez, además, no sabia qué rumbo había tomado. 
Inició el camino de regreso, pero en realidad no sabia hacia qué lugar. A todas luces era un entorno desconocido. Determinado, continuó avanzando por las mangas del azar. 
«¿Ya qué?» pensó. 
«¿Cuanto mas de mi me puedo alejar?»

domingo

Noviembre siempre se jacta de las mejores noches.



Aquí me tienes, en una noche de noviembre con una hoja de papel frente a mí y un lápiz en las manos, y no se me ocurre escribir ninguna palabra, no porque no me inspires, sino porque tengo miedo; tengo miedo de no tener talento suficiente para retratar todo lo que eres, todo lo que significas y todo lo que me haces sentir. 

Tengo miedo de empezar a escribir y que las palabras no surjan, o peor: que se detengan, que decidan no retratarte a la perfección, que decidan no retratar tu perfección.


Supongo que lo mejor que puedo hacer es contarte cómo me haces sentir,  que lo mejor que puedo hacer es decirte que a pesar de que puedo sentarme y escribir sobre cualquier cosa, a ti no puedo escribirte, porque eres infinita. Contigo no puedo porque eres mucho más grande que cualquier letra, palabra o 
papel en blanco. 
Mucho más grande que cualquier noche. 

Espero que esto te haga entender que significas para mí mucho más que un montón de hojas llenas con un montón de palabras, que significas para mí mucho más de lo que te pueda escribir. 

Que jamás terminaría de retratarte.

lunes

Encenderla a ella con la mirada.

Jack tomó su saco, se echó loción y salio de su departamento. Colocó seguro a la puerta, bajó las escaleras, abrió la puerta de su auto, subió y lo encendió. Al cruzar la reja le deseó una buena noche al portero y condujo.
Recogió a Ian, su amigo, y se dirigió al bar.
Bajaron, pidieron una mesa, y hablaron.

A la mitad de la noche, después de muchas copas, después de muchos bailes con muchas quién sabe quiénes, volteó a la puerta, vio entrar dos ojos que se descubrían el cabello negro con una mano suave y frágil. Vio una sonrisa sobre un cuello apetecible, sobre un escote que casi cubría unos pechos aun más apetecibles. Vio un vestido negro que enmarcaba una preciosa y femenina figura que desentonaba con la fragilidad e inocencia que proyectaba la cara.
Se levantó, dejo a su amigo a la mitad de una charla sobre la causa de la vida en la tierra, pero no se dio cuenta; el mundo desapareció para él: ya no estaba en ese bar, ni era de noche, ni estaba con su amigo ni borracho; ya ni siquiera era él.
La tomó del brazo, con seguridad y delicadeza, hizo que girara para quedar de frente, tomó su cuello y la besó. Ella intento alejarse el primer segundo, pero todos los siguientes se aferro a él, acariciando su nuca con las manos, recorriendo su espalda con los dedos. Solo se soltaron cuando otro cliente los empujó por accidente mientras intentaba salir. Entonces se vieron a los ojos un instante y se dirigieron a la barra, él pidió un whisky para cada uno.

Vaya, eres escritor.
¿Cómo lo sabes?
Tienes una pluma en el bolsillo.
Supongo entonces que eres prestidigitadora, y yo que no creo en esas cosas.
Una pluma en el bolsillo, y tinta entre las uñas. Un escritor.
Llámame Jack.

Seguían hablando, pero querían comerse. Se devoraban con la mirada, y con la imaginación. Construían, cada uno en su mente, miles de escenarios donde honraban el milagro de estar vivos.

Yo soy Nila.
¿Vienes seguido, Nila? Nunca te había visto. De ser así nunca te habría dejado marchar.
No, quedé de encontrarme con una amiga, supongo que tendrá que esperarme.
Yo también vine con un amigo, está por allá.
Se ve bastante solo.
Todos lo estamos.
Escribo todo el día pero soy contador. ¿Tú a que te dedicas?
Soy actriz.

Se terminaron los whiskys, ella iba a pedir otro, pero él la interrumpió.

Me peguntaba si me acompañas a caminar, este lugar huele a orines y a ceniza.
¿A caminar a dónde?
No sé, vamos a perdernos.

Ambos salieron, él le prestó su saco, ella sacó un cigarro y él su encendedor, la vio a los ojos como si, en lugar de encender el tabaco, pudiera encenderla a ella con la mirada.

Nunca volvieron.

sábado

En caso de emergencia.

En caso de emergencia corra, tropiésese y levántese.
En caso de emergencia lea.
En caso de emergencia borre todo lo escrito o léalo en voz alta.
En caso de emergencia vuele.
En caso de emergencia cierre el libro.
En caso de emergencia abra la puerta.
En caso de emergencia muera.
En caso de emergencia salte por la ventana.
En caso de emergencia cante.
En caso de emergencia grite.
En caso de emergencia calle.
En caso de emergencia bese.
En caso de emergencia ame.
En caso de emergencia duerma.
En caso de emergencia quédese despierto toda la noche.
En caso de emergencia camine.
En caso de emergencia monte en bicicleta.
En caso de emergencia viva.
En caso de emergencia rompa el protocolo.

En caso de emergencia continúe usted en los comentarios.

Tomar café por la mañana

Tomó su saco y salió. Iba a una fiesta. Nunca lograba nada, pero tenía la esperanza de no cenar, pero que le llevaran el desayuno a la cama. Una bella dama, usando su camisa y con el cabello amarrado.
—«Buenos días ¿Quieres café?» Ella diría.
—«Sí, gracias» ¿Cuál era su nombre? Él pensaría.
Saldría por la puerta, investigaría dónde fue a parar para luego regresar a su casa. Entraría a la ducha, escribiría otro capítulo y, a las 9 en punto, tomaría su saco y saldría. Iría a otra fiesta y haría lo que mejor sabía hacer: tomar café por la mañana en la casa de una desconocida.

miércoles

No sé si lo siento.

No sé si pedirte perdón por haberme ido, pero es que para mí nunca estuvimos.  Nos conocimos y nos acercamos, pero nos alejamos antes de que nada pasara. ¡Porque no pasó nada! Claro, unas miradas, algunas palabras y un par de sonrisas. Pero nada grande, nada importante por lo qué disculparse.  Que te ilusionaste, lo siento. No es mi responsabilidad, sí mi culpa. Mi intención no era jugar.  No eres para mi ni yo para ti. Simple.  Que lo que pasó lo demuestre.  Que soy un cobarde, tal vez. Por no decirte que me iba. Pero es que nunca llegué.  Que me disfracé de caballero, tal vez lo soy o tal vez así me quisiste ver. No lo sé. Supongo que se es un caballero porque se hace y cobarde porque se deja de hacer.

Si me ves, me dices que me extraño.

Cuando te fuiste, se fue contigo la mejor parte de mí.
Cuando te fuiste, te llevaste en tus caderas como a un perro faldero al que yo era, se fue contigo y ambos me dejaron aquí.
Y los extraño.
Extraño ser ese que te tenía. Extraño que fueras el objetivo de mi locura, extraño ser ese valentón que no sacaba la frente del cielo. Extraño ser ese ente locuaz y lúdico, que caminaba por la calle sin vergüenza, al que no le importaban las miradas ajenas que lo desnudaban. Extraño ser ese que se levantaba con una sonrisa por el simple hecho de desentonar con el mundo.
Te fuiste y me dejaste tu mal karma. Tú te fuiste y yo pago las consecuencias.
Los cargo, a ti y mí, en la espalda.
Te fuiste y me fui contigo; pero me quedé aquí,  ya siendo nadie.

martes

Fueron tus ojos, ¿Recuerdas?


Te he mentido, y no sé si lo siento.
Te he engañado diciéndote que soy alguien que no soy. Pero que seré-
Aún no soy actor. Aunque me creíste. Tal vez ya lo sea.
Un personaje que inventé, es lo que conoces. Un personaje hecho a tu medida. Para enamorarte, para interesarte, para atraerte y conquistarte.
Fueron tus ojos, ¿Recuerdas?:

Hola, te conozco, ¿cierto?
¿Qué?  No, creo que no.
Si, te he visto. No olvidaría tus ojos.
Gracias, pero estoy segura de que no nos conocemos.
¿Segura? Está bien. Entonces nos vemos luego, ojos bonitos.
Espera, ten mi número. Invítame a salir un día.

Lo demás es historia, fuimos por un café, me contaste del concurso de baile (ahí te había visto). Que tenías 24 años y que vivías en monterrey. Que estabas de vacaciones en la capital, conociendo después de quedar eliminada. Yo, intimidado por tu edad y tu talento, te dije que tenía 23 y que actuaba. Lo siento.
Te mentí con lo que espero ser, ojalá hubieras llegado después.


lunes

Dulce princesa de los mares



Dulce princesa de los mares 
de color plata y arena.
Que con tu sonrisa fina
conviertes el alma en cristalina.

Las preciosas perlas de tu boca
Y tus infinitos ojos negros,
provocan tantos sentimientos
expresables solo en todo el universo.

Caminaría al fin de la tierra
por tenerte solo un momento
pues esta interminable espera
aunque hermosa, es tormento.

Tu cuerpo es una obra de arte.
Tu voz la mejor sinfonía.
No ha existido en la historia
algo comparable a tan bella eucaristía.

No necesito más en la vida
que despertar a tu lado.
Un simple beso tuyo,
Cambiaría todo mi pasado.

Pero el tiempo ha sido eterno.
Y no sé si valdrá la pena.

Todo y más.


No sé decirte como comenzó todo, como llegamos hasta aquí.
Y apuesto a que tú tampoco, el camino que hemos recorrido parece sacado de una película, o escrito por un pseudo-escritor una tarde de abril.

Ahora estás aquí, dormida en mi pecho, con tus hermosos ojos cerrados, soñando, tal vez, con tu viaje de nuevo;  estás tan tranquila, tan simple, tan bella como siempre.
Solo atino a ver tu cara, a imaginarme una de las sonrisas con las que le das cuerda a mi mundo; paso mis dedos entre tu cabello, lentamente, acaricio tus pómulos, tus párpados, tu boca; paso mi mano por tu hombro y te mueves ligeramente, bajo hasta tu cintura y ahí me detengo, no es el momento.
Empiezo a pensar en aquel primer café, en tu primera sonrisa, en la primera vez que me perdí en tus ojos; Empiezo a recordar todas nuestras aventuras, nuestras alegrías, nuestros problemas y peleas, recuerdo tambien todas las veces que me has enseñado a bailar estando sobre mis pies,  y todas que he escrito cuentos enteros sobre tu espalda con la yema de mis dedos.
Recuerdo cada vez que hemos caminado por un parque durante la noche, cada ocasión en la que me has tenido despierto toda la madrugada, y las mañanas en las que exaltada tomabas mi mano para que te acompañara a ver el amanecer, recuerdo las llamadas de "Te amo" y nada más, a la mitad de un sueño.
Me acuerdo de todo lo que hemos vivido juntos, y me acordaré de todo lo que nos queda por vivir.

Y es que eres todo mi mundo; y más. 
Eres todo, y más.

viernes

Recuerdos y sabidurias.

Recuerdo los amaneceres de tu mano, caminando por alguna playa, en la que habíamos despertado después de  usar los rayos de la luna como sábana. Recuerdo los atardeceres con sabor a tus besos, y tus besos con sabor a noche. Recuerdo sentir tu cuerpo estremecerse entre mis brazos tantas veces, que me parece imposible que hoy no estés aquí. Recuerdo los amaneceres en ti. Recuerdo que no me dejabas dormir. Recuerdo que a tu lado el mundo no importaba.Recuerdo buscar tu sonrisa frente a la mía cuando con nuestros labios creábamos un nuevo mundo

Un nuevo mundo, no sé si es este o lo fue aquel.

No sé si las calles por las que ahora camino desolado y en caos, son las mismas por las que ayer corría tomado a tus vestidos. No sé si los vestidos con flores las tenían marchitas cuando tú los usabas. No recuerdo si las sonrisas ya eran hipócritas cuando se dibujaban en tu cara. No recuerdo si el teléfono traía ya malas noticias cuando estabas tú del otro lado; o si el mar se vestía de miedo cuando lo usábamos de fondo para nuestro desborde de pasiones. No sé si la luna era el espejo de mi infelicidad, o si ya venia acompañada por la noche.

La noche, que hace inmenso mi pesar, que ahora sirve solo para pensarte, para saber que no estás aquí, y para dudar si el mundo era así cuando estabas dentro de mi.

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